El Gobierno nacional ha elegido el Día de la Memoria para difundir un video institucional que, bajo el eufemismo de «memoria completa», intenta reescribir la historia reciente.
La pieza, narrada por el polemista Agustín Laje, establece una falsa equivalencia entre el terrorismo de Estado -con su maquinaria sistemática de exterminio que dejó 30.000 desaparecidos- y la violencia de organizaciones guerrilleras previas al golpe.
Este revisionismo histórico no es ingenuo. Busca instalar tres ideas peligrosas:
- La teoría de los dos demonios recargada: Presentando una supuesta simetría entre la violencia insurgente y el aparato represivo estatal, cuando jurídica y moralmente son incomparables.
- El negacionismo encubierto: Al elegir como vocero a Laje -referente de la nueva derecha que ha cuestionado los crímenes de lesa humanidad- se envía un mensaje claro sobre la interpretación histórica que pretende imponer el oficialismo.
- La politización de la memoria: Usar una fecha sagrada para el Nunca Más como plataforma de disputa ideológica es una afrenta a las víctimas y familiares.
Las reacciones no se hicieron esperar. Mientras organismos de derechos humanos denuncian la relativización del terrorismo de Estado, el oficialismo celebra esta «historia completa» que, en realidad, es profundamente selectiva.
El verdadero peligro no está en recordar todas las violencias -algo que la historiografía seria ya hace-, sino en presentarlas como equivalentes. Cuando un gobierno utiliza el aparato estatal para difundir esta narrativa, está rompiendo el consenso democrático construido durante 40 años.
Hoy, mientras miles marchan en Plaza de Mayo, el video oficial queda como testimonio de un intento preocupante: reemplazar la memoria por el relato. La pregunta que queda flotando es simple: ¿a qué temen los que necesitan reescribir la historia?